Retos y conquistas de la masonería del siglo XXI

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La masonería del siglo XXI tiene que presentarse ante la sociedad como una escuela de ciudadanía, donde se aprenden y practican valores cívicos como la tolerancia, el diálogo, la libertad, la diversidad, y el respeto al otro.

El Solsticio de Verano es la fiesta más grande de la masonería, Orden que el año que viene conmemora sus 300 años de historia desde ese 24 de juno de 1717 en el que las cuatro logias de Londres se reunieron para fundar la Gran Logia de Londres, marcando el punto de partida de la masonería especulativa que hoy en día seguimos practicando. Estas cuatro logias antiguas («Four Old Lodges») tomaban su nombre, según las recoge Anderson [1], atendiendo al emblema de la Taberna donde se reunian y que eran: El Ganso y la Parrilla (The Goose and Gridiron), La Taberna de la Corona (The Crown Ale-House), La Taberna del Manzano (The Apple-Tree Tavern) y La Taberna de la Copa y las Uvas (The Rummer and Grapes Tavern).

Ni que decir tiene que se ha escogido esta fecha por la necesidad de establecer un hito, un punto de referencia en la historia, que nos permita establecer un cierto iter cronológico, lo que por supuesto no quiere decir que anteriormente  a esa fecha no existiesen ya logias especulativas o que la historia de la masonería no se remonte siglos atrás, pero esa tarea queda para los historiadores.

Durante estos 300 años, la masonería ha sufrido importantes transformaciones para mentenerse al ritmo de los tiempos, aunque todavía hoy nos ronda una pregunta en la cabeza, ¿Estamos haciendo la masonería del siglo XXI? ¿Estará la masonería o estaremos los masones a la vanguardia de las conquistas civiles y políticas en estos tiempos al igual que lo estuvo en el pasado? ¿Estamos corrigiendo nuestros errores, estamos evolucionando o viajamos hacia la decadencia? ¿Podrá nuestra Orden sobrevivir otros 300 años más? ¿Y, además de sobrevivir, seguirá siendo útil y necesaria?

Como no podía ser de otro modo, mi respuesta es rotundamente afirmativa, porque al menos tres de los elementos fundamentales de la Masonería a los que se refería Anderson en sus Constituciones todavía siguen vigentes, resultan útiles y siguen siendo innovadores. En primer lugar, el diseño de la logia como espacio para la libertad de conciencia y la pluralidad, en segundo lugar, la construcción de una hermandad universal entre iguales y por último, pero no menos importante, la concepción de un rito y un ceremonial que es apto para satisfacer las necesidades espirituales o filosóficas del hombre moderno. Sin embargo, estas tres virtudes fundamentales de la masonería, por defecto o por exceso – como lo plantearía Aristóteles – pueden tornarse en tremendos vicios, de los que tenemos que permanecer vigilantes de cara al futuro.

Vamos a reflexionar un poco sobre cada uno de estos elementos, con sus luces y sus sombras:

1º.- La libertad de conciencia y la pluralidad. Cuando la práctica totalidad de las asociaciones y organizaciones del mundo se unen en torno a unas ideas y programa común (ya sea una religión donde se comparte un dogma, un partido político donde se comparte una ideología o una ONG donde se comparte y lucha por un proyecto concreto), la masonería se mantiene como la única institución del mundo que, sobre unos valores fundamentales básicos, se concibe como»centro de unión y medio para establecer la amistad entre personas que, de otro modo, habrían permanecido distanciadas entre sí para siempre[2]«. Este espacio es, todavía en el presente, necesario y si no existiese habría que inventarlo. La masonería del siglo XXI tiene que presentarse ante la sociedad como una escuela de ciudadanía, donde se aprenden y practican valores cívicos como la tolerancia, el diálogo, la libertad, la diversidad, y el respeto al otro.

Todo iniciado conoce desde el primer día, de boca del Orador, (y cito textualemente) que  «la Francmasonería tiene como fin luchar contra la ignoranciaen todas sus formas; es una escuela mutua cuyo programa seresume así: obediencia a las leyes de su país, vivir según el honor, practicar la justicia, amar al prójimo, trabajar sin cesar para la felicidad de la Humanidad y proseguir su emancipación progresiva y pacífica«[3]. Existe por tanto en nuestra Orden un profundo compromiso con la prosperidad de la sociedad a través de la ley y la paz. Y ese compromiso se verifica instruyendo a sus miembros en los valores masónicos de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Sin embargo, podríamos encontrarnos con que, ese espacio concebido como de libertad y pluralidad, en su defecto, fuese un espacio homogéneo y de pensamiento uniforme. Si en un taller nos encontramos con hombres y mujeres que comparten las mismas ideologías políticas, o las mismas creencias religiosas o las mismas filosofías de vida, o incluso que están todos en un mismo rango de edad, se parecería menos a ese «centro de unión» de lo disperso del que hablaba Anderson, y se parecería más a un lugar en el que no hay retos intelectuales, no hay enriquecimiento con las ideas del otro, no hay apertura de miras ni de mentes, no hay espacio para el pensamiento crítico, en definitiva, nos encontraríamos ante un lugar…como cualquier otro. 

Igualmente, si una logia o una organización masónica se coloca o se señala cercana a un posicionamiento político o ideológico concreto y definido, ya no sirve como elemento para reunir a los diferentes. Esto no quiere decir que una logia no pueda participar en la sociedad o patrocinar un evento en el marco de un debate o un foro, donde serviría como elemento canalizador de distintas posturas que se contrastan para que cada quien saque sus conclusiones, o incluso que no pueda salir a la calle para defender y enarbolar la bandera de los Derechos Humanos, que es nuestra única ley. Sí que podría hacerlo, pero debería ser extremadamente rigurosa y también discreta, al trasladar su mensaje a la sociedad si quiere seguir manteniéndose como un lugar para la libertad y la pluralidad.

2º.- Una hermandad entre iguales. Cuando estamos en logia, además de dejar nuestros metales a la puerta del templo, dejamos también nuestros ropajes sociales, nuestras cátedras, nuestros oficios, nuestro logros, también nuestros fracasos, nuestro estatus, etc. y entramos como nosotros mismos, con ese «yo» que hay debajo de toda esa construcción social que nos damos. Nos encontramos en la logia con la persona que tenemos enfrente y no con el «personaje» que a veces somos. Nos tratamos como iguales, respetamos tanto al otro como a nosotros mismos, y valoramos la libertad del otro tanto como la nuestra. Y de ahí surge la fraternidad, del hecho de poder conectar con la persona auténtica, con la expresión más esencial de nosotros mismos, sabiendo que el otro nos va a aceptar y recibir con el triple abrazo fraternal. Una hermandad es algo más que un grupo de personas, más que una organización, es un sentimiento, es sentirnos unidos por los lazos de amistad y afecto en nuestra condición de seres humanos, más allá de cualquier otra consideración. En estos tiempos, en los que el ser humano moderno cada vez está más aislado, es más solitario y más frío en sus relaciones con sus semejantes, el concepto de «hermandad» resulta más valioso que nunca. 

Articulo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948

Pues bien, este ideal de la masonería se ve tristemente refutado en la realidad práctica y el día a día, no tando de la logia, como de la estructura de la masonería en el mundo. La división de la Orden en multitud de Grandes Logias y Grandes Orientes por no hablar ya del cisma entre la tradición «regular» y la «adogmática», hace que nos planteemos muchas veces si la masonería, como organización, ha fracasado en este intento de construir una hermandad universal. Desde luego, si descendemos al nivel del masón ordinario, constatamos que la Fratenridad al final es más fuerte que las actitudes de las organizaciones y superestructuras masónicas; y, por una abrumadora mayoría me atrevería a decir, un masón se considera hermano de cualquier otro masón del mundo que acredite su condición y haya sido iniciado, por tanto, en la logia justa y perfecta. Pero no deja que quedarnos un sabor agridulce en la boca al reconocer que nosotros mismos no hemos sabido trasladar ese mensaje integrador y universal a nuestras propias instituciones. Ciertamente la masonería del futuro tiene una ardua tarea en tender puentes (fraternales, administrativos, logísticos) entre sus propias estructuras. 

3.- Un rito que es apto para cubrir las necesidades espirituales del hombre moderno. Cuando un profano se inicia en masonería, en el mismo momento en que declara su intención inequívoca de querer ser recibido francmasón, el Venerable Maestro automáticamente le instruye en la razón y el objeto de nuestras reuniones de la siguiente manera: 

«Sabed que nos reunimos en nuestros Templos para poner un freno saludable a nuestras pasiones a fin de elevarnos por encima de los mezquinos intereses que atormentan al mundo profano. Habituamos nuestro espíritu a concebir sólo ideas de honor y virtud, por la vía iniciática, lo que se efectúa con la ayuda de las “herramientas racionales” que encontraréis en el Templo.  Ordenando así nuestras inclinaciones y costumbres, es como llegaremos a dar a nuestra alma el justo equilibrio que constituye la Sabiduría, es decir, el Arte de la Vida«.[4]

El Arte de la Vida. O lo que Aristóteles denominada la vida buena(que no la buena vida) cuyo objetivo es alcanzar la felicidad a través de la areté(la virtud) y delnomos(la ley).  El arte de vivir, por tanto, no abarca solamente el hecho de cubrir las necesidades básicas y fisiológicas a las que nos sentimos impulsados de manera natural, sino que para la autorealización personal, para realizarnos plenamente necesitamos algo más. Esta necesidad espiritual abarca infinitud de cosas: la reflexión sobre la vida, la muerte, sobre el bien y el mal y por qué nos vemos compelidos a hacer el bien, multitud de inquietudes que la filosofía plantea en forma de pregunta, la religión en forma de respuesta y la masonería en forma de símbolo. 

Sin embargo, de nuevo, no podemos obviar que la sociedad cambia y que nosotros debemos cambiar con ella, y actualizar y renovar nuestras formas, nuestra manera de interpelar al espíritu del ser humano y nuestra manera de interactuar con la mente moderna. El ritual es el que es, y procede de una tradición (palabra que proviene del latín traditio– entregar)  que hemos recibido y de la que somos responsables. Sin embargo, la tradición tiene un contenido y un continente, una esencia y una forma. Creo que la tradición masónica iniciática que ahora tenemos en nuestras manos no tiene la misma «forma» que tuvo en las suyas un masón en 1717, y eso es una marca de renovación que no podemos parar.  

Templo del GOdF en la Rue Cadet, Paris

Eso sí, debemos mantener la esencia inalterable, porque al final la condición humana no varía, pero debe evolucionar en la medida en que los masones, a lo largo de la historia, hemos ido viviendo en ella. Podría ocurrir que nos pasásemos de la raya, convirtiendo lo que ahora es masonería en otra cosa; pero, de la misma manera, si no vivimos la tradición en nuestras circunstancias y con nuestro lenguaje, puede acabar conviertiéndose la masonería en un recuerdo de museo por lo obsoleto de sus medios. Si la tradición no cambia en su expresión es porque nadie la ha entregado distinta a como la ha recibido, se ha dedicado a mirarla y no a pensarla. 

Hasta aquí hemos puesto en valor los activos que todavía podemos aportar en este siglo, pero también nos hemos dado cuenta de nuestras debilidades y de los fallos que tenemos que empezar a pulir cuanto antes para ofrecer la mejor versión posible de nosotros mismos.

No desesperemos, pues, porque el futuro comienza con lo que hagamos mañana. ¿Seremos capaces mañana, de seguir estando a la altura de nuestros ideales? ¿Nos reafirmaremos mañana en la necesidad de compartir espacio con quien piensa diferente y a no caer en la tentación y la comodidad de rechazarlo? ¿Podremos mañana tumbar los muros que hemos construido entre nosotros y darnos la mano como verdaderos hermanos? ¿Nos atreveremos a reciclarnos, a innovar, a romper prejuicios y barreras?

Decía Albert Einsten: «No pienso nunca en el futuro porque llega muy pronto«. El futuro de la masonería ya ha llegado y empieza mañana. 

He dicho.

M.·. M.·. Pilar A. Osorio


[1]http://www.phoenixmasonry.org/goose_and_gridiron_ale-house.htm

[2]Constituciones de Anderson (1723). Editorial masonica.es. 2008.

[3]Ritual del Primer Grado del R.·. E.·. A.·. A.·.. Supremo Consejo Masónico de España, Barcelona, 2011.

[4]Ritual del Primer Grado del R.·. E.·. A.·. A.·.. Supremo Consejo Masónico de España, Barcelona, 2011.

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