18 Septiembre, 2015

¿Qué es la masonería?

¿Qué es la masonería? La masonería es una hermandad secular con más de 300 años de historia que trabaja sobre unos valores éticos y filosóficos que pretende transmitir a sus miembros por medio de un lenguaje simbólico y de una serie de ceremonias al efecto.

¿Qué NO es la masonería? La Masonería no es una religión, pues no tiene dogmas, carece de cuerpo doctrinal al cual se llegue a través de la fe. La Masonería respeta todas las creencias, y también la ausencia de esas creencias, siempre que el masón acepte el compromiso de conocerse a sí mismo, desarrollar sus posibilidades en todos los sentidos y en la forma que desee, y volcar ese conocimiento y esa mejora en beneficio de los demás. La masonería no es un ateneo, ni una ong ni una agrupación política, es una hermandad basada en tres únicos principios: Libertad, Igualdad y Fraternidad. La forma concreta de entender y aplicar esos principios no está marcada, y cada masón debe buscarla y realizarla personalmente.

La masonería es una escuela de librepensadores. El trabajo habitual en las logias es el debate de ideas entre sus miembros en un ambiente de tolerancia, respeto y libertad, así como el trabajo simbólico que se lleva a cabo a través del método masónico y que consta de tres peldaños: Aprendiz, Compañero y Maestro. La masonería trabaja en el marco de una tradición antigua y esto implica observar un cierto Rito que no es más que un sistema ceremonial inspirado en los valores del Humanismo y la Ilustración que permite practicar una espiritualidad laica, sin dogmas ni doctrinas, que nos sirve para llevar a cabo un proceso de autoesclarecimiento, un aprendizaje psicológico y moral que pretende instruirnos acerca de las cuestiones filosóficas y éticas que se ha planteado y se planteará siempre el ser humano.

La masonería pretende el progreso de la sociedad a través de la formación de sus miembros en los valores de Libertad, Igualdad y Fraternidad y es cada masón, individualmente, el que contribuirá a la mejora de la sociedad a través de su mejora personal como individuo. La masonería enseña una moral cívica de convivencia a sus miembros a través del ritual y los símbolos, fundamentalmente relacionados con la construcción pero también con la geometría, las matemáticas o el Arte.

Pero la masonería es, ante todo, una fraternidad. Un lugar de unión de personas diferentes, de cualquier clase, ideología, género, creencias…que quieren aprender unas de otras y que se reconocen como hermanos en cualquier parte del mundo en base a esas inquietudes comunes. Ser masón no es otra cosa que adquirir un compromiso con uno mismo de mejorar cada día como persona y compartir tiempo y espacio con otros que se ocupan en la misma tarea.

A quien no es masón, que nosotros llamamos profano, se le exige, para entrar en la Masonería ser “libre y de buenas costumbres”. Esta vieja fórmula debe ser entendida como el derecho y el deber a desarrollar las propias condiciones e ideas y el ser coherente con uno mismo, desarrollando esas condiciones e ideas de forma tal que mejoren aquella parte del universo que le rodea, empezando por él mismo. No se trata de guardar una moral determinada, sino de cada uno. El masón puede, por supuesto, aceptar unos principios morales establecidos, pero como un ser libre, honrado y responsable, debe tener fundamentados en su conciencia dichos principios, y nunca aceptarlos por rutina o por presión social.

En Masonería no deben juzgarse las opiniones, que son libres, sino las actitudes: éstas deben ser abiertas, carentes -en lo posible- de prejuicios, y fruto de una reflexión propia. Debe abordarse la vida buscando lo que une antes de lo que separa, y saber manifestar las diferencias con sinceridad para con uno mismo y con respecto a los demás. Esto no significa que el masón no defiende sus ideas y creencias, ya que en ese caso no sería coherente consigo mismo, sino que esa defensa debe ser realizada de forma abierta, tolerante y fraternal, huyendo de la concepción de ser portador de la verdad absoluta.

Buscamos el progreso de la Humanidad y llamamos a este progreso Luz, entendiéndolo no solo en un sentido material -importante y presente en nuestras preocupaciones- sino también en un sentido espiritual, moral y filosófico.

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