20 septiembre, 2015

Libertad

plomadaLibertad: 1.-“Facultad que tiene el Hombre de obrar de una u otra manera o de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”. 2.- “Estado o condición del que no es esclavo”.

La Libertad, deseo común a todos los hombres, tiene múltiples acepciones, según quién y dónde se la nombre. Es la esperanza de los oprimidos, tanto por dictaduras como por ideologías o creencias que coartan la libre expresión y desarrollo de las ideas; es la máxima aspiración de todo hombre que ha despertado del sueño de la ignorancia.

Nosotros, Masones, debemos seguir luchando por levantar del todo el velo de la incultura en el mundo. Solamente el hombre verdaderamente libre de la ignorancia y los prejuicios que ella conlleva, podrá tener la suficiente Libertad para buscar en lo más profundo de sí mismo, con sinceridad y ganas de conocerse.

En la vida Masónica, además de ser necesaria la realidad anterior (sin libertad profana no seria posible el desarrollo pleno de la Masónica), éste necesario pilar tiene otras connotaciones y es uno de los principios que conforman la trilogía Masónica por excelencia.

La libertad tiene su principio en la naturaleza misma, a la justicia por regla y su salvaguardia en la ley.

En Masonería también decimos: “lo que no quieras para ti, no lo quieras para otro”. Este es el linde o frontera moral que acota el ejercicio de la libertad individual, por medio del exquisito respeto hacia la de los demás.

En el terreno de lo Iniciático, la Libertad solamente se alcanza buscando la Verdad, cultivando las virtudes, liberándose de errores e ilusiones vanas, intentando (por medido del Trabajo continuado y firme con nuestra Piedra Interior) eliminar las humanas debilidades y prejuicios, así como todas las tendencias negativas que con el hombre nacen o conviven.

Debemos, como Masones conscientes de nuestra misión universal y fraternal, construir todos nuestros pensamientos y actos con la ayuda de la Regla y la Plomada.

A conseguir nuestras metas, nos ayudará el gradual progreso interior y el sentido del deber, para con nosotros mismos y para con los demás miembros del género humano (idea unitaria de la Humanidad que el Masón no debería perder nunca de vista).

Existe otra libertad (consecuencia lógica de la capacidad que nos da el conocimiento y la reflexión), muy apreciada por mí: la libertad de elección. Para lograrla, es necesario el Conocimiento, poder analizar, comparar, y llevando esta libertad hasta su límite, poder equivocarse. Esta libertad de escoger el Camino (bien sea en el plano profesional o en el “trascendente”), se muestra con plenitud cuando el individuo goza de un cierto grado de formación “profana” y Masónica.

Nadie puede ser, a mi juicio, auténticamente libre sin una base de conocimientos suficientes que le permitan el análisis de los distintos fenómenos naturales o sociales que se dan en su entorno.

En nuestro mundo, abanico de contrastes, conviven las libertades con la falta total de las mismas. Hay hombres que libremente pueden exponer sus ideas y otros que, privados de la más elemental cobertura de sus necesidades materiales, no pueden desarrollar otras aspiraciones que no sean la búsqueda del “pan de cada día”. Aquí, en este punto “cuasi” primitivo del desarrollo humano, se hace necesaria la justicia para posibilitar las metas que hagan realidad una Humanidad más libre e igualitaria.

Los Masones, individuos libres por definición, deben cooperar (en todos los ámbitos) para que la justicia reine en todas partes. Solamente por medio de ella, entendida en el más amplio sentido, podrá llegar a ser posible la libertad que conduzca al género humano a la necesaria fraternidad……

Q.·. H.·. Keltoy (Or.·. eterno)

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